Frases de Salvación

(...) Por los altavoces había llegado la orden de permanecer en los barracones. Por encima de los techos de los barracones silbaban balas. Formaciones armadas de los prisioneros pasaban marchando. Por la tarde escuchamos gritos fuertes en la amplia ladera desarbolada que se extendía fuera del campo. Algunos temerarios cruzaban corriendo la huerta montaña arriba y saludaban agitando pañuelos blancos. Por la carretera regional, mucho más abajo, en el valle, rodaban los tanques estadounidenses. Rodaban, se detenían y había disparos todo el tiempo. De modo que había llegado la hora de la liberación. (Aún no lo creíamos, ¡Habrían de pasar días hasta que creyésemos realmente en nuestra salvación!) Los niños no entendían nada. Los tres o cuatro adultos que, como yo, habían hallado asilo en el barracón de los niños, estaban demasiado débiles y se mostraban muy escépticos. Que para nosotros la guerra hubiese terminado, que los nazis estuviesen derrotados, las SS se hubiesen dado a la fuga o hubiesen sido capturadas por los políticos y que nosotros fuéramos libres, eso no lo podía creer nadie a esa hora. Sin ninguna conmiseración, los niños escuchaban el tiroteo, el rodar de los tanques, las llamadas y las órdenes de las formaciones surgidas de debajo del suelo, las palabras excitadas de algunos pocos, que corrían de barracón en barracón llevando nuevas de victoria. Los niños habían escuchado mucho y no habían creído nada. Su realidad era el campo.

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